El 9 de diciembre de 2021, la Comisión Europea adoptó el Plan de acción para la economía social. Cinco años después, realiza una evaluación de la implementación de este plan plurianual y publica el 30 de marzo de 2026 su informe Evaluación intermedia del Plan de Acción para la Economía Social: principales logros y perspectivas de futuro, dirigido al Parlamento Europeo, Consejo, Comité Económico y Social Europeo y Comité de las Regiones.
La evaluación intermedia, según la Comisión, confirma que este instrumento ha generado un impulso significativo en el desarrollo del sector en la Unión Europea. En términos generales, el balance es positivo.
Desde el punto de vista de la eficacia operativa, la implementación del Plan ha sido elevada: más del 80% de las acciones previstas ya han sido completadas o están en curso, lo que refleja un alto grado de cumplimiento del calendario previsto para el periodo 2021–2025.
Desde un punto de vista general, uno de sus mayores logros ha sido el de definir la economía social, permitiendo con ello una comprensión común de este ámbito de la realidad europea. Su concreción con una definición operativa ha permitido avanzar en ámbitos clave como el de los marcos normativos, el reconocimiento institucional, su integración en políticas públicas y la mejora de su visibilidad social. Un avance en visibilidad se ha producido con la producción del estudio estadístico Benchmarking the socio-economic performance of the EU social economy y con la publicación de un Especial Eurobarometro sobre economía social. No obstante, existen déficits estructurales en materia estadística: solo una parte de los países dispone de sistemas de información completos y comparables, lo que dificulta la medición del impacto y el diseño de políticas basadas en evidencia.
El Plan ha contribuido a reforzar el reconocimiento institucional de la economía social situándola en la agenda política europea y favoreciendo su condición de pilar del modelo socioeconómico europeo. En este sentido, se han producido avances significativos como la adopción de la Recomendación del Consejo de 2023 sobre el desarrollo de las condiciones marco para la economía social y la colaboración interinstitucional entre Direcciones generales de la Comisión Europea. Otros logros clave incluyen el portal Social Economy Gateway, el reconocimiento de la Economía Social como uno de los ecosistemas industriales estratégicos de la UE articulando un “Transition Pathway para la proximidad y la economía social«.
Asimismo, el Plan ha demostrado una importante capacidad de arrastre político. Desde su adopción, al menos 16 Estados miembros han desarrollado o actualizado estrategias nacionales de economía social, lo que evidencia un proceso de implicación de aquellos países donde este ámbito estaba menos desarrollado. Sin embargo, este dinamismo convive con importantes desigualdades territoriales, con países —como España o Francia— que cuentan con ecosistemas consolidados y otros que presentan desarrollos aún incipientes, como ha puesto de relieve el informe.
En el ámbito financiero, la evaluación reconoce avances significativos en la movilización de recursos, especialmente a través de instrumentos como InvestEU y los fondos estructurales (SIFTA, ESF+, EaSI y COSME). No obstante, persisten dificultades de acceso, especialmente para entidades de menor tamaño.
Uno de los principales déficits identificados es la integración aún parcial de la economía social en las grandes políticas estratégicas europeas, como la política industrial, la transición ecológica o la digitalización. Esta falta de transversalidad reduce su potencial transformador y su capacidad para contribuir de forma plena a los objetivos estructurales de la Unión.
En conjunto, la evaluación ofrece una valoración global positiva del SEAP, pero subraya la necesidad de avanzar hacia una “segunda generación” de políticas públicas. En esta nueva fase, se plantea como prioritario intensificar los esfuerzos en el escalado de iniciativas, mejorar el acceso efectivo a la financiación, reforzar las capacidades institucionales y de los actores del sector, consolidar los ecosistemas nacionales y regionales, y avanzar en sistemas más robustos de medición del impacto.
Diferentes plataformas representativas de la economía social europea, como Social Economy Europe, Cooperatives Europe o ENSIE han realizado contribuciones a este proceso de evaluación de Mid-Term. Destacan que todos estos avances están en riesgo debido a los cambios geopolíticos y a las nuevas prioridades de la Comisión Europea en materia de defensa y competitividad, las cuales están relegando a la economía social a un segundo plano.